A veces, algunas familias tienen un piso –muchas veces, por herencia- del que no se acuerdan. Está ahí, sin más. Seguramente, porque nadie necesita el dinero que obtendrían con la venta o, a veces, porque hay una parte emocional que no anima a venderlo.
Ese era el caso de este piso. Se vació de muebles hace unos años y así se quedó: con las pelusas que salieron de debajo de los muebles cuando la empresa de mudanzas se los llevó.
Pero pasado el tiempo, decidieron que había que venderlo.
En 2017 seguía tal cual se quedó cuando cerraron por última vez la puerta.

¿Pensabas que un piso vacío era imposible que se viera personalizado?: los únicos elementos que quedaban eran paredes, cortinas y lámparas de techos, y todos ellos eran de colores diferentes. Había que neutralizar.

El agente inmobiliario veía que, tal y como estaba, no iba a ser fácil venderlo por el precio que sus clientes querían así que trabajamos reparando los pequeños desperfectos (pequeños y pocos), limpiándolo, pintándolo en blanco y con nuestro Servicio de Creación lo amueblamos con maquetas de cartón (nunca nunca comercialices un piso vacío: se ven más pequeños de lo que en realidad son).
¿Resultado? Vendido en 10 días y por el precio esperado.